
¿Por qué estar aquí?






Las condiciones de la vida pública en las que cada sujeto puede ser identificado o posicionado en la sociedad son diversas según las experiencias e influencias que este vive. La ciudadanía es un estado que reconoce a las personas el sentido de pertenecer y tener la posibilidad de hablar, aportar y ser escuchado en los distintos espacios de la vida pública. Siendo niño o siendo joven, ¿es usual que tus opiniones sean atendidas ante las decisiones que se discuten en los espacios de vida que te circundan? Ese es un asunto que nos debería cuestionar desde el momento en que se comienza a ser consciente de la propia presencia en el mundo, lo cual no sucede tarde, por el contrario, es el significado de los primeros esfuerzos que hacemos al llegar; intentar expresar y demostrar las necesidades que poseemos, se es un ser reclamante y con la necesidad de expresar lo que se siente de diversas manera, siempre con la firme convicción de conseguir lo que creemos merecer.
La condición simbólica de los seres humanos nos permite la expresión y esto nos diferencia de cualquier otra forma existente, esto sin importar si se es niño, joven, adulto y con cualquier particularidad que se posea (quizá esto sea lo bello de ser seres simbólicos, que cada uno construye su subjetividad con elementos tan propios que forman una visión sin igual sobre el mundo). Decía la filósofa alemana Hanna Arendt que, “con cada nacimiento algo singularmente nuevo entra al mundo” es decir que, las nuevas vidas que llegan al mundo son sinónimo de novedad y promesa de progreso para la sociedad, así mismo, llegan a heredar la cultura que ya está en desarrollo, pero con la posibilidad de hacer está vigente a sus nuevas condiciones. La sociedad y las instituciones subjetivantes como lo son la escuela, la familia y los espacios de vida que se disfrutan; son los encargados de presentar las nuevas vidas al mundo y el mundo a ellas. Sin embargo, dichas instituciones pueden verse desbordadas por lo nuevo y lo diverso ejerciendo entonces medidas que inhiben las condiciones innatas de cada ser como su sociabilidad, su simbolismo, sus particularidades. De alguna manera, según las influencias que se reciben durante la construcción de subjetividad, las voces pueden ser censuradas aun cuando la filosofía advierte que la esencia humana es un acto y una lucha por el reconocimiento.
El reto que esto constituye no es más que humanizar la existencia devolviendo a los niños y a los jóvenes lo que se ha perdido de vista; la posibilidad de posicionarse ante las realidades que viven, solidarizarse ante las que acontecen a otros (como esencia de vida en sociedad), formular opiniones, reflexionar, cuestionarse, poner en duda, argumentar y ser sujetos políticamente críticos; es decir, retomar la esencia de la vida pública. Este fenómeno es lo que Freire llamaría Ser presencia que, desde una mirada a la promesa de la educación, Ser presencia no solo se trata de analizar y hablar sobre el mundo, sino asumir la subversión como una condición que impulsa a transformar y cumplir con la promesa de progreso que se nos atribuye por ser las nuevas vidas que le dan forma del mundo.
Humanizar la existencia es el reto de la educación; educar sobre las relaciones sociales, fundar principios de criticidad y crear espacios de expresión; son maneras de sensibilizar las vidas, que sean liberadas de la normalidad y comenzar a reconocer lo que le rodea y lo que le habita, para hablar sobre lo que le agrada, sobre lo que le oprime, sobre lo que vale la pena, sobre lo que añora, sobre lo que visiona, sobre lo que sueña e incluso sobre lo que es utópico. Porque cualquier cosa que el otro tiene por decir, es valiosa en la lucha por el reconocimiento en cualquier espacio social.
La expresión resulta ser el medio de liberación para alcanzar la vida pública, no obstante, cada persona, dada la pluralidad, los flujos y los reflujos que conforman el mundo; cada uno corre con la suerte de poder expresar como desee, como sea más sincero y más diciente. Las expresiones pueden ser abstractas, pueden ser explícitas, pueden se figuradas, pueden ser habladas, pueden ser escritas, pero lo que importa es que tomen forma humana, es decir, que estén dispuestas a la relación con sí mismo, con lo otro con el otro; que converjan en un espacio social, que sean mostradas al público, sin importar que el público sea un escenario con mil espectadores o solo con quienes están en casa; tu público depende de tus espacios de vida, pero reafirmar tu condición social solo se condiciona por la decisión de expresar lo que se siente, lo que se desea o lo que se reclama.
La virtualidad no es un impedimento para generar este tipo de reflexiones y despertar habilidades sociales como la expresión al público, sino que, por el contrario, en esta época de los nativos digitales es una oportunidad de acercarnos a la diversidad, a conocer y enriquecer las miradas, romper las fronteras y polarización de pensamientos, acceder a la interconexión global y a reafirmar la condición simbólica y social de cada uno.





